BALCÓN DE PIEDRAS
Memorias de un vigía por José Simón Escalona

“POL Y EL MAR”

Conocí Barcelona el año 1985 en compañía de mi compadre Javier Vidal. Nos adelantamos a una presentación de mi obra “Señoras”, dirigida por Vidal, que presentamos el 1 de mayo en el Festival de Sitges de aquella emisión. Cuando llegamos a Barcelona nos fuimos del aeropuerto al Paseo de La Rambla, así era nuestro ímpetu. Fue difícil desprenderme de la fachada de El Gran Teatre del Liceu para continuar por la calle aledaña, llamada San Pau donde nació Vidal, y estaba aún la barbería donde le cortaron el cabello recién nacido, antes de viajar a Venezuela en barco, cruzando el mar. Ahí, en la misma barbería decidimos cortarnos el cabello al estilo de aquella época, casi pelones. La España en ese tiempo no tiene nada que ver con la belleza actual, la que fuera mustia y descuidada es ahora una joya de la renovación urbanística. Nosotros veníamos de una Venezuela cosmopolita, moderna, democrática y en vías de desarrollo. Un país prometedor. Ahora que la patria es una condena, la Europa de hoy día resulta un lugar espléndido, que invita y hace honor a la creación humana, al civilismo cultural.

Cada ciudad tiene su historia, pero Barcelona es en todo particular, hasta en el idioma. Por supuesto que la arquitectura de la ciudad es magnífica: el Pabellón de Barcelona del arquitecto Ludwig Mies van der Rohe, el Mercado de Santa Caterina, La Sagrada Familia, La Catedral y el barrio gótico, la Casa Milà y pare usted de contar cuantas otras maravillas. También la gastronomía suculenta, recuerdo con especial fruición que cerca de la ciudad de Valencia en  Picassent, probé una de las paellas más memorables, a leña de naranjos, elaborada por los primos de Vidal. Fue un viaje que culminó en Sitges y la ovación a nuestras actrices Amalia Pérez Díaz, Agustina Martín y Laura Serra. Barcelona siempre es mar, y desde sus orillas nos invita a soñar el mundo.

Javier Vidal y Elba Escobar en la obra Exiliados de James Joyce bajo la dirección de Jose Simón Escalona para El Nuevo Grupo 1985

En aquel porfiado 1985, y a nuestro regreso de España, tuvimos la fortuna de estrenar “Exiliados” de James Joyce, una obra maestra sobre el tema del exilio bajo mi dirección, con Vidal como protagonista y la producción de Esther de Bustamante y Elías Pérez Borjas para El Nuevo Grupo. Un montaje que sucedía sobre una isla de madera, como un barco a la deriva en medio de un mar infinito y salvaje. La isla se iba encogiendo en cada acto como los sueños del escritor Richard Rowan y sus fatídicos celos.

En 1994 Vidal escribió XL1953, dramografía que contaba la fecha y las memorias de su nacimiento barcelonés, que dirigió mi hermana Angélica, originalmente para el Thejadanza, pero que terminó por ser un montaje con el elenco estable del Theja y dos bailarines invitados. Angélica realizó un espectáculo icónico de su trabajo combinando la danza y el teatro. El barco y puerto de partida, el mar entre el miedo y la incertidumbre, la huida de la guerra fratricida. El exilio a una tierra desconocida.

En esta recién abierta temporada teatral en días flexibles, Javier Vidal junto a sus hijos, mi ahijada Josette y mi ahijado de agua familiar Jan, con la exquisita actriz Claudia Rojas y el no menos brillante actor Vicente Peña, estrena en el Trasnocho Cultural su obra “Paradís”, que retoma en dramaturgia aquella travesía para una puesta experimental de teatro coreográfico, pero que ahora rememora a partir de la llegada de su madre y su padre a estos agitados y repentinos predios caribeños. Un espectáculo que invitamos a ver por el tema que tanto nos incumbe ahora, la emigración.

A inicio de los noventa estuve durante varios meses en Madrid para iniciar las grabaciones de mi novela “La loba herida” en coautoría con mi maestro Manuel Muñoz Rico, fuimos en coproducción en una temporada de colonización televisiva. Los españoles amaban los culebrones criollos, esos que ahora producen para las plataformas streaming de una manera espléndida, feroz, desenfrenada, para las audiencias sin censuras y con la experiencia del exitoso cine español desde los comienzos del arte audiovisual. En esos días fugaces, antes de los trenes de alta velocidad y los puentes aéreos, viajábamos algunos fines de semana a divertirnos con los catalanes, más sofisticados que la tosca movida madrileña.

En los mismos noventa, mi amigo Hugo Pérez Laroche vivió su primer exilio en Barcelona, convirtiéndose en puerta de entrada para todos los viajes que hicimos juntos por el mundo. Llegaba a la Ciudad Condal, disfrutábamos los días de Opera en el Liceu, los nuevos restaurantes “Michelin”, los diseños de la moda vanguardista catalana, los desinhibidos clubes nocturnos, el crecimiento urbanístico de la parte nueva de la ciudad, las fiestas locas de Sitges y luego a volar… Así que Barcelona me pertenece, a la memoria, al corazón por la amistad y la familia, pero especialmente a mi amor por el arte y la cultura occidental.

Precisamente en España, aunque no en Barcelona sino en Madrid, acaba de nacer mi sobrino nieto Pol, hijo de mi sobrino Migo y su esposa Mela, el primer nieto de mi hermana Maigualida para su felicidad. Es muy popular en Cataluña su nombre, Pol de Paúl y de Pau, la calle del primer hogar, de la barbería infantil, de los llantos y risas recién nacidos de mi compadre Javier. La alegría del nacimiento de Pol me distrae del encierro pandémico, del luto, del miedo, del caos social, de la soledad hogareña; pero al mismo tiempo me plantea reflexiones en torno a los avatares de las migraciones, sobre el dolor de las distancias, los viajes imposibles para abrazar a mi sobrino, sentir la esperanza, un renacimiento, un futuro posible que se asocie a la buenaventura, la prosperidad y la unión familiar. Su nacimiento me recuerda que estamos rotos, como aquel montaje de “Exiliados” donde el escenario se iba haciendo más pequeño a medida que avanzaban los actos y que acorralaban en un promontorio a los personajes. Un símbolo de la expatriación del artista y sus consecuencias emocionales. A veces no sé si pueda expresarme a plenitud fuera de estas cuatro paredes que nos van aturdiendo. Pero lo más hermoso de un recién nacido, de su primer corte de cabello y sus aromas de bebé es la certeza de que existe futuro. Ya nació Pol, y espero abrazarlo para contagiarme de su iniciación y consuelo. Hay un lugar, en el litoral al nordeste de Barcelona que se llama Sant Pol. Allá quiero llevarlo a que chapucee con sus ojos limpios y sus pies descalzos entre la arena y el mar.

José Simón Escalona

Nace en Ciudad Bolívar, Edo. Bolívar, Venezuela, el 17 de mayo de 1.954. Estudió Arquitectura en la Universidad Simón Bolívar y Artes en el Instituto Pedagógico de Caracas. Inicia su actividad artística como actor en 1.967 y funda el GRUPO THEJA en 1.973, agrupación cuyos éxitos han traspasado nuestras fronteras y en la cual se desempeña como Presidente Fundador y Director Principal.

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