AMIGO CARMELO

Balcón de piedras
Memorias de un vigía, por José Simón Escalona

Amigo Carmelo

Recién regresaba de Puerto Rico a inicios de 1980 cuando conocí a Carmelo Castro. Nos pusimos de acuerdo para encontrarnos en Parque Central, me dijo por llamada telefónica que deseaba hablar conmigo sobre una obra de teatro.

Parque Central era un espacio maravilloso de encuentros y fiestas, disfrutar de “la nueva manera de vivir” como fue promocionado por el Centro Simón Bolívar, era todo un lujo. Yo veía la construcción del impresionante complejo urbanístico de los arquitectos Henrique Siso Maury y Daniel Fernández-Shaw desde la camioneta de papá cuando íbamos madrugando desde Santa Mónica donde estaba el apartamento familiar de mi adolescencia, hasta Catia donde estaba el Liceo “Andrés Eloy Blanco”, que tanto he referido como el sitio de trabajo de mi padre y donde inicié mi bachillerato y el teatro. Me emocionaba ver desde la ventanilla del asiento trasero el crecimiento de los enormes edificios, y repetía hasta el cansancio: “Ahí es donde yo voy a vivir”. Mi Padre siempre reía y si yo no redundaba la frase, me la recordaba: “Seíto…” Papá sabía cuándo estaba de buen humor porque pronunciaba mi lema sin su recordación, y se preocupaba por mi ánimo cuando me quedaba callado, cosa rara en mí, aun hoy día me cuesta callar y quedarme quieto. Fui de los primeros en ir a ver los apartamentos modelos, construidos en un apéndice al lado del Hotel Hilton, frente al Ateneo de Caracas, donde todavía funciona la Escuela de Teatro Horacio Peterson, otro de mis maestros con coscorrones incluidos, como ya lo he contado tantas veces. De la mano de mi amiga y extraordinaria escenógrafa Ana Rosa Gallegos, para mi dolor también recientemente fallecida, me mudé a Parque Central en 1978, cuando tuve mi primer contrato exclusivo como escritor de Radio Caracas Televisión. Venía de mi apartamento de estudiante del Pedagógico de Caracas, en la misma urbanización de El Paraíso. Me fui del hogar familiar a muy temprana edad, pues peleaba mucho con mi padre y fue la mejor manera de tener la fiesta en paz.

Durante todo el año 1979 estuve en Puerto Rico, enviado por Radio Caracas Televisión para terminar una novela junto a mi hermana Pilar Romero que se llamaba “Anacaona”, e iniciar una segunda, junto al maestro Julio César Mármol que se llamó “La Jibarita”, teníamos obsesión por lo autóctono. Mis peleas con Mármol en esa época eran famosas. Mi hermana Pilar tuvo que regresar para dar a luz a su hijo y mi ahijado de agua César Román. Yo escribía diálogos, dirigía exteriores de la novela y además me ocupaba de ensamblar la postproducción. Trabajaba 20 horas diarias. Puerto Rico es la mejor escuela de televisión que jamás imaginé. Pero tuvo sus consecuencias, mi Grupo Theja en Caracas se venía a pique. Las dos obras que teníamos en repertorio se fueron complicando por las ausencias de algunos actores del elenco y las peleas entre ellos. Fue definitivo que parte de mi grupo se fuera al taller de Enrique Porte, hijo del directivo del Ateneo, el profesor Porte Acero, a quien yo temía y también adoraba por su padrinazgo a los jóvenes talentos, entre los cuales me incluía. Enrique, su primogénito, se había iniciado en Rajatabla y venía de estudiar en Europa. Era el maestro sensación del ámbito caraqueño en aquellos días. Yo estaba lejos y me sentí culpable por abandonar a mi grupo, así que el 31 de diciembre del 79 me vine escondido para Caracas y el 2 de enero presenté mi renuncia a Radio Caracas Televisión, que no la aceptó, me dieron vacaciones para que descansara y renovaron mi contrato con grandiosas condiciones. Por supuesto que pretendía rearmar mi grupo en esas vacaciones, y para mi fortuna, porque Dios siempre puso en mi camino a los mejores, apareció Carmelo Castro.

Me reí tanto en ese primer encuentro con la alegre conversación y el entusiasmo de Carmelo, distinguido por su excelente buen humor, que se me ocurrió proponerle que se integrara al Primer Taller de Jóvenes Artistas (TJA), y que lo haríamos como taller montaje con la obra que él pretendía que yo dirigiera. Carmelo quería hacer la obra con sus compañeros de la Escuela Juana Sujo, pero resultó que a varios de ellos yo los conocía. Enrique Marcano, uno de los mejores actores de la historia del Theja y Beda Peña, criolla preciosa y buena actriz, venían del grupo de teatro liceísta Phantos de mi hermana Pilar. A Germán Mendieta lo conocí a través del amigo y crítico teatral Edgar Antonio Moreno Uribe, venía de Coro. Carmelo me presentó a su buen amigo y compañero Ulises Castillo, que tenía muy buenas condiciones musicales. Se presentaron a audiciones para optar al taller las hermanas Irene Arcila, hoy día reconocida actriz internacional, y Carolina Arcila, una mujer afectuosa, extraordinaria compañera de escena. Marcos Beria, del Valle-Coche, tal como el Theja, se integró rápidamente a la agrupación hasta que se fue a New York donde aún reside. El galán Omar Méndez, quien vive desde hace muchos años en España; y Gustavo Castro, a quien conocía del Taller TEIO de la técnica Rafael Vegas de Catia. También se integró el destacado escenógrafo y esteta del Theja Giovanni Zebellín, tempranamente desaparecido.

“AMIGO SOL, AMIGA LUNA” Carmelo Castro. Dirección: Jose Simon Escalona. I FESTIVAL NACIONAL DE TEATRO INFANTIL. Premio Mejor Montaje.

Estrenamos en Junio de ese año 1980 la obra de Carmelo “Amigo Sol, amiga Luna”, y ganamos el premio al Mejor Montaje del Primer Festival de Teatro para Niños organizado por la gran Agustina Martín para el Teatro CANTV. Parte de ese grupo se convirtió en el Theja, incluso pasaron a ser la primera directiva oficial de la agrupación: Carmelo, Enrique, Germán, Giovanni, Irene y Gustavo. Y decidimos hacer nuestro espectáculo transgresor y posmoderno, que tenía en mente para retomar el Theja adulto: “Calígula, una pasión sin futuro”. Calígula lo haría Marco Antonio Ettedgui, quien tuvo problemas de fechas con su agrupación Autoteatro de mi hermano Javier Vidal. Por eso le propuse el personaje al debutante en Caracas Aroldo Betancourt, quien venía de la excelente escuela de Miguel Torrence del Teatro Universitario de Valencia, y éramos compañeros del taller dictado por el maestro Juan Carlos Gené, en los sótanos de Parque Central, antes de crear el GA80, y donde también estaba la estupenda Mimí Lazo. En esa época la Sede del Theja eran los enormes y bellísimos salones de danza y ballet del Pent-house de Parque Central. Un lugar cerca del cielo.

Carmelo fue el impulso para retomar el Grupo Theja, a él le debo su apasionado trabajo como autor, actor, productor y directivo del renacimiento Theja. Y luego, para el II Taller de Jóvenes Artistas, su mágico trabajo como director en 1982 con “La Fiesta de los Colores”. De ese taller recuerdo a muchos talentos, pero muy especialmente a José Manuel Ascensao y a Wilmer Ramírez, dos exitosísimos artistas. Pero Carmelo quería seguir haciendo solo teatro para niños. Un mediodía, también en Parque Central, almorzando juntos, me dijo: “Quiero hacer mi propio grupo de teatro para niños”. Y acordamos que yo le entregaría la producción de “La fiesta de los colores” que recién estrenábamos en el Teatro Los Caobos para que pudiera iniciar su propia aventura. Nació el Grupo Thalía. Su amistad y cercanía con el Theja quedó siempre conmigo. Fue también un compañero y amigo de televisión que el destino puso en mi camino. Carmelo con su talento y bonhomía siempre fue un caramelo, golosina escénica, amigo del teatro infantil.

Desde el cielo de Caracas, en el techo de Parque Central, soñamos el teatro y el arte de nuestras vidas. Yo sé que desde las alturas seguirá cuidándonos a todos sus amigos.

José Simón Escalona

Nace en Ciudad Bolívar, Edo. Bolívar, Venezuela, el 17 de mayo de 1.954. Estudió Arquitectura en la Universidad Simón Bolívar y Artes en el Instituto Pedagógico de Caracas. Inicia su actividad artística como actor en 1.967 y funda el GRUPO THEJA en 1.973, agrupación cuyos éxitos han traspasado nuestras fronteras y en la cual se desempeña como Presidente Fundador y Director Principal.

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