BALCÓN DE PIEDRAS
Memorias de un vigía por José Simón Escalona

“MARIPOSAS”

PRGRAMA DE MANO – UNIVESIDAD SIMÓN BOLÍVAR

A principio de los setenta inicié mis estudios de arquitectura en la Universidad Simón Bolívar en el Valle de Sartenejas. Fue una elección difícil pues también me aceptó la UCV. Más pudo la novelería y por supuesto la insistencia de mi padre. Estaba orgulloso de mi ingreso a la universidad del futuro. El hermoso Valle era un lugar inspirador, y tanto los maestros como el alumnado respirábamos aires de salud y belleza en más de un sentido. Me sentí privilegiado. Luego de los trimestres generales, al iniciar los cursos propios de la carrera me dí cuenta que la mayoría de mis compañeras eran mujeres. Los estudiantes de ingeniería nos llamaban “las mariposas de arquitectura”, a 2 o 3 compañeros nos corroían las ofensas y alguna vez hubo una batalla campal en el cafetín universitario. Reglas T y X-actos peligrosamente por los aires. La valiente defensa de nuestras compañeras empeoró la rivalidad de las facultades. Para mi fortuna también ingresé al Teatro Universitario, y por ser un profesional del teatro a decir de mis compañeros estudiantes, fui bastante consentido y respetado por el grupo. Mi personaje se denominaba Primer Actor. Eran jóvenes de talento y refinada educación privada y social, los disfruté tanto en el escenario como en nuestras elegantes andanzas. Estrenamos una obra escrita por el novel y creativo compañero Ricardo Salim, titulada MARIPOSAS L.T.D. y con experimental dirección colectiva. El argumento es una parábola sobre la traición íntima, el extrañamiento personal y colectivo, sobre las alas rotas de una hermosísima mariposa guiada por el amor (Cristina Poblete), que perece ante los intereses materiales de El Diablo (Aldo Pierucci). Eso guardo en la memoria.

Una de las asignaciones de un profesor bastante riguroso nos impuso visitar “La Roca Tarpeya” de Caracas. Como vivía en el suroeste de la ciudad, muchas veces pasaba por los caminos verdes que merodeaban La Roca Tarpeya para evadir el tráfico endiablado de la ciudad pujante de aquellos tiempos. En ese promontorio rocoso del valle caraqueño se inició un proyecto de arquitectura que tuvo resonancia internacional durante los años cincuenta, el famoso Helicoide, un avanzado centro comercial con vialidad propia. Podías visitar el centro en tu auto, estacionar delante del negocio donde ibas a comprar, o del lugar donde ibas a cenar o a socializar. Un concepto de avanzada y una arquitectura vanguardista. Por supuesto el proyecto jamás se culminó por enredos de toda índole, primordialmente financieros, pero también porque le tocó esa difícil transición nacional de la dictadura a la democracia donde lo jurídico se confunde con lo político. Qué difíciles las transiciones. Somos mariposas sin aire.

Ya por aquellos días visitar el Helicoide tenía sus peligros, pero mis compañeras de la Simón eran guerreras, mujeres de armas tomar, y a ellas nada las detenía. Visitamos la edificación en construcción. Por encima de los inacabados espacios se podía ver cuán magníficos eran el diseño y la construcción del proyecto. Como hombre de teatro a mí me correspondió indagar sobre el origen del nombre de La Roca Tarpeya. Así llegué a la Roma antigua, y una de sus colinas al sur, con un elevadísimo farallón desde el cual, según las leyendas, eran lanzados los traidores sentenciados a muerte. Lo de los traidores tenía que ver con la historia de Tarpeya, hija de Espurio Tarpeyo, gobernador de la colina Capitolina, fue ella quien abrió las puertas de la ciudadela a su raptor Tito Tacio que arrasó con toda civilidad. Por eso, por traidora, por Malinche, fue la primera lanzada por el farallón. Mis compañeras se pusieron furiosas con mi introducción, y de milagro no quedé expulsado del equipo de trabajo. Acordamos hablar del rapto de las Sabinas, violadas, desnudas como mariposas sin alas, pero no de la traición femenina de Tarpeya. Yo preferí no ser asaetado por los afilados compases de mis futuras arquitectas feministas. Callé parte de la historia.

Recientemente, en noviembre de 2019 estuve en Toledo, España, donde luego de un exquisito almuerzo en Adolfo Restaurante con bien ganadas estrellas Michelin, y conocer al afamado chef Adolfo Muñoz, compartir una extraordinaria cena con un vino de leyendas, y la deferente visita a la prestigiosa cava del siglo IX con unas 35.000 botellas añejas, además de una insospechada degustación incluída; nos recomendó a mi hermana Nacarid, mi acompañante en la mesa, las vistas a la Roca Tarpeya de Toledo en virtud de nuestra agradable conversación sobre los orígenes romanos de la ciudad. Abajo el río Tajo es apenas un hilo de agua al fondo de un hondo abismo rocoso. Y de los mismos tiempos romanos me reiteraron el episodio de los traidores condenados a la mortal caída, como a la hija de Tarpeyo.

OBRA LA DIVINA COMEDIA – 2009

Todo esto regresa a la memoria por estos días donde la traición, que tanto temo, campea a nuestro alrededor. Cuando montamos con el Grupo Theja El Infierno de la Divina Comedia en 2009 antes del arrebato del Teatro Alberto de Paz y Mateos, nuestra Sede durante más de 20 años de cuidos e inversiones de infraestructura; y que antes perteneció al legendario Nuevo Grupo de Chocrón, Chalbaud, Cabrujas y mágicos productores como Ester Bustamante y Elías Perez Borjas entre otros; siguiendo a Dante, incluímos en el último círculo del infierno a los traidores, y en especial a los ingratos, porque la ingratitud es la forma más dolorosa de traición, pues la recibimos de alguien a quien hemos dado sobretodo amor. Es la traición más íntima y dolorosa.

Nuestro país es traicionado a diario de todas las maneras posibles, y el despeñadero de la Roca Tarpeya está lleno de cadáveres pero no de los traidores, sino de ajusticiados precisamente por esos “tarpeyas”. La historia se repite pero con variantes aún más atroces que los atropellos y crímenes de antaño. La Roca Tarpeya es una condena. Como me gustaría reunir a mis compañeras estudiantes de arquitectura y recordarles que la historia nos enseña sobre los orígenes y los riesgos de sus repeticiones. Ahí tenemos el monumento de vanguardia arquitectónica convertido en una roca de la traición. Donde hasta las mariposas pierden sus alas.

José Simón Escalona

Nace en Ciudad Bolívar, Edo. Bolívar, Venezuela, el 17 de mayo de 1.954. Estudió Arquitectura en la Universidad Simón Bolívar y Artes en el Instituto Pedagógico de Caracas. Inicia su actividad artística como actor en 1.967 y funda el GRUPO THEJA en 1.973, agrupación cuyos éxitos han traspasado nuestras fronteras y en la cual se desempeña como Presidente Fundador y Director Principal.

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