BALCÓN DE PIEDRAS
Memorias de un vigía por José Simón Escalona

“ISAAC”

JOSÉ SIMÓN ESCALONA EN LOS AÑOS 70

Conocí a Isaac Chocrón en los años 70, en el Nuevo Grupo. Al Theja nos tocó presentarnos en el Teatro Alberto de Paz y Mateos como participantes por Venezuela en el Segundo Festival Internacional de Teatro de Caracas. Por supuesto que ya conocía su actividad cultural y me había convertido en su admirador, pero verlo como público de mi primer montaje con un grupo de estudiantes liceístas, fue un privilegio y un susto enorme. Se me acercó con su distinguido brillo y elegante simpatía: “No me aburrí, quedé sorprendido con tanto talento juvenil, especialmente tú, que eres todavía un niño”. Algo así fueron sus palabras, yo le respondí que ya era mayor de edad; pareció desconcertado con mi respuesta. Hoy lo pienso y creo que fue un poco atrevida mi respuesta, pero juro que lo hice sin ninguna intención oculta, en esa época me molestaba un poco que me vieran como un niño, pretendía parecer mayor, pero era un chico enjuto, con barros de adolescentes en el rostro, despeinado, desgarbado, ocupado siempre en hacer las cosas bien y me olvidaba bastante de mi apariencia personal. Lucía descuidado de mí apariencia. Ese primer encuentro con Isaac fue trascendente. Al rato volví a conseguirlo en el lobby del Alberto y me dijo: Cuando dije que eras un niño no quise ofenderte, todo lo contrario, reconocía tu valor. Tal vez tengas que asegurarte de parecer un chico de tu edad, esa braga infantil no te calza. A mí me encantaban las bragas o mamelucos, y a pesar de mi flacura las llevaba sin franelas ni camisas, algo que traía de mi bachillerato en Catia, donde la mayoría de mis compañeros pocas veces usaban camisas, más franelillas sin cuello ni mangas. Cuando recogí mis cosas en el cautivante camerino del Teatro De Paz y Mateos, con sus dos puertas que daban al escenario, me vi en un espejo de cuerpo entero detrás de las puertas, me avergoncé de mi figura desgarbada y desaliñada, como la de un niño que juega en el barro y no va directamente a la ducha. A la siguiente función me empeñé en vestirme bien y busqué por todas partes a Isaac, hasta que lo conseguí en su oficina de la Casa de la Sala Juana Sujo frente al Alberto. Levantó su mirada, por encima de los lentes de lectura y me preguntó quién era yo. Le respondí con mi nombre y apellido, parecía no recordarme, entonces le expliqué que era el director de la obra que estaba en la Sala de enfrente, que vio ayer. Isaac con su sonrisa que podía ser fresca y maquiavélica al mismo tiempo, me dijo: Es que no te reconocí, hoy si pareces un director talentoso. Fue lo que necesitaba, que alguien como él creyera en mí. Pasaron algunos años, hice otras cosas en el Nuevo Grupo, me inicié en la Televisión, realicé un curso de escritura con José Ignacio en la Sala Juana Sujo, actué en películas de Román Chalbaud, en algunas obras en el Teatro Alberto de Paz, hasta que un día recibí una llamada de Isaac para verme en su oficina. Había leído mi obra “Señoras”, supongo que Javier Vidal se la había entregado; cuando llegué puntualísimo y emocionado, me hizo una reverencia, como quien se quita el sombrero de copa. Me dijo que mi obra era bellísima y quería producirla para El Nuevo Grupo. Durante un buen rato no sabía qué estaba sucediendo, ya había escandalizado a la crítica, en general todos admiradores y cercanos a Chocrón, quienes descalificaban mis montajes por unanimidad, así que me costó recibir el reconocimiento del autor que yo más admiraba, a quien quería emular al escribir mi primera obra de Teatro Convencional, pues yo venía de otro teatro que prefiero no calificar. Digamos que en ese tiempo todavía se me consideraba amateur. La obra “Señoras” debutó en el Nuevo Grupo con un elenco extraordinario: Doña Amalia Pérez Díaz, Agustina Martin y Laura Zerra, bajo la dirección de Javier Vidal y el arte de Arturo Bardía Deu, quien también inició su colaboración teatral en el Theja. Por si fuera poco recibimos ese mismo año el Premio de la Crítica a Mejor Dramaturgo del Año.

Chocrón se convirtió en mi guía, desde aquellos inicios de los ochenta siempre consulté con él mis decisiones profesionales, también algunas íntimas sentimentales. Con cada contrato de TV busqué su consejo. Iniciamos una amistad que duró hasta su partida física. A Isaac le debo su padrinazgo teatral, me presentó a su amigo Edward Albee, y designó a su hermana, la extraordinaria Señora Esther de Bustamante como productora, quien enfermó y luego partió de este mundo y encargó a Elías Pérez Borjas como productor de ¿Quién le tema a Virginia Woolf? Elías se convirtió en una de las personas más influyentes en mi vida, como ya lo eran Isaac y el mismo Albee, quien me apadrinó en el Eugene O’Neill Theater Center de los Estados Unidos de América donde debuté en los ochenta con mi obra “Jav & Jos”.

Con Isaac me veía cada vez que viajaba a New York y coincidía con su estadía. Era un placer ponernos de acuerdo para desayunar o cenar juntos, siempre llegaba cerca de su acostumbrado domicilio en esa ciudad que tanto amamos ambos y reencontrarnos en ese otro mundo. Con Isaac disfruté ser parte de la Junta Directiva del Teatro Teresa Carreño bajo su presidencia. Con Isaac tuve la fortuna de dirigir dos montajes para la Compañía Nacional de Teatro bajo su conducción: “Sainetes venezolanos”, con enorme éxito, y “Te juro Juana que tengo ganas” del gran dramaturgo mexicano Emilio Carballido, con quien además socialicé por la amistad que tenía con Isaac y sus deferencias para conmigo: alabó tanto mi puesta en escena que solo pude responderle con un abrazo que nos estremeció.

Las tardes de los domingos solía buscar a Isaac en su apartamento de la Calle Negrín, vecino a mi casa. Y en el pent house de su residencia o en la mía, disfrutamos las tardes con un Dewards que él tomaba con mucho hielo y yo con muy poco, servidos por nuestra querida Sarita, de quien aún conservo algunas plantas de su cuidado jardín en la terraza Chocrón. Aún hoy me gusta tomar ese mismo whisky de 8 años y rememorar sus enseñanzas de vida. Aunque el tema de Isaac era siempre él, el “ShowCho” como le decíamos abiertamente sus amigos con respeto y simpatía, también le gustaba escuchar mis cuitas cuando estábamos solo nosotros dos. Él conversaba sin aconsejar, pero con su enorme capacidad, deslumbrante, de reflexiones y sabiduría vital. Isaac siempre fue una fuente de inspiración, de conocimientos y sentimientos.

Este fin de semana tuve la dicha de reencontrarme por un instante y a la misma hora de nuestros encuentros domingueros con su figura y memoria. Como si se tratara de un momento enigmático, una aparición fantástica y fantasmal volví a disfrutar de Isaac. Apareció ante nosotros de la mano, el cuerpo y la magnificencia de Javier Vidal, sobre el escenario del Teatro Trasnocho, al lado de nuestra amada y admirada Julie Restifo repitiendo la aparición sublime de su Señora Imber. Asomarnos a una conversación al final de los noventa, en plena campaña del teniente coronel indultado, de dos personajes uno entrañable, otra insoslayable e indiscutiblemente ambos influenciadores, me sumió en una ensoñación y rememoré hasta las lágrimas con la lectura de una carta de amor para Isaac, aquellos momentos ineludibles, que forman parte de las cosas más trascendentes y hermosas de mi vida como fue conocer a Chocrón. Regocijarnos de su inteligencia, de su perspicacia, de su palabra exacta y sabia, de su vocación de maestro, del hombre que ama bien, del dramaturgo que tanto removió su vida para explicarse, explicarnos, abrirnos los sentidos, la imaginación, la memoria, la historia, la cultura, impregnarnos de su exquisita elegancia.

El nacimiento de nuestra cultura está íntimamente ligado a la dramaturgia, como en mi caso escribir es recordar a Isaac y reconocerlo como una estrella. Gracias a los Vidal-Restifo y su equipo teatral por traernos de nuevo a Isaac y recordarnos su inspirada vida para mantener la fe en la inteligencia y el arte. Isaac sigue nuestro.

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José Simón Escalona

Nace en Ciudad Bolívar, Edo. Bolívar, Venezuela, el 17 de mayo de 1.954. Estudió Arquitectura en la Universidad Simón Bolívar y Artes en el Instituto Pedagógico de Caracas. Inicia su actividad artística como actor en 1.967 y funda el GRUPO THEJA en 1.973, agrupación cuyos éxitos han traspasado nuestras fronteras y en la cual se desempeña como Presidente Fundador y Director Principal.

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