FRAGMENTOS DE MUJER (morir antes de nacer)

FRAGMENTOS DE MUJER (morir antes de nacer)

Pieces of a woman es el título original de esta producción canadiense/USA de 2020 firmada por Kornél Mundrczó con el guion de su esposa Kata Wéber (de origen húngaro, tanto él como ella) escrito a partir de la experiencia personal al perder el hijo de ambos en el parto. Ese es el punto conflictivo del film de arrojo eminentemente dramático, realista, con un diálogo que nos conecta con el neorrealismo norteamericano y, en algunos diálogos, al mítico Edward Albee. Dejando a un lado el entramado argumental, crudo y duro de las escenas domésticas de una familia burguesa, judía y bostoniana, me interesó sobremanera el trabajo de dirección, actuación y manipulación de cámara. Nos hacemos la inquietante pregunta del proceso de ensayos y rodaje (y edición) de los planos/secuencias del “trabajo de parto” y nacimiento (o muerte perinatal) y la del, también, frustrado acto sexual de la pareja tratando de reconstruir parte de esos trozos, de esos fragmentos, que estallaron la noche del parto casero. La cantidad de ensayos o la cantidad de tomas para llegar a esos movimientos milimétricos de cámara y actores aunados a la verosimilitud interpretativa que rayaba en docudrama como, reitero, la toma/secuencia alusiva donde Vanessa Kirby (Martha) muestra el parto más realista de la historia del cine ficción, acompañado por un impecable Shia LaBeouf (Sean) y sostenida por la matrona Molly Parker, -quien solo aparece en esa escena y en su muda presencia en el juicio-.

La primera experiencia que viví junto a Julie Restifo de teatro realista de corte psicológico fue precisamente en la legendaria pieza de E. Albee “¿Quién le teme a Virginia Wolf?” en la meticulosa y delicada dirección de José Simón Escalona para El Nuevo Grupo en 1984 junto al no menos emblemático actor Estaban Herrera (George) y la actriz uruguaya en su exilio venezolano Dahd –“Ducho”- Sfeir (Martha). La interpretación de un texto realista es quizás el más difícil, el más exigente y donde menos se debe sentir la actuación, actuando. La verdad de la mentira. La mentira hecha verdad. Tanto para Escalona como para Julie y yo, este acercamiento al realismo teatral era nuevo para nosotros que veníamos de un teatro de vanguardia, Dadá, surrealista… “meyerholiano”, más de afuera hacia afuera. El trabajo en telenovelas es esquemática y fragmentado. Una suerte de “supermarioneta” a lo Gordon Craig. Trabajamos más arquetipos y personajes tetradimensionales y dependemos de la tecnología. Estuvimos casi seis meses de ensayos, cargados de buenas e inéditas experiencias y fuertes crisis personales entre el cuerpo actoral que debía estar preparado física y psicológicamente para sostener los tres actos con dos intermedios de una obra de tres horas y media (Luigi Schiamanna en el delirio) donde Escalona colocó un reloj en la escenografía que iba marcando minuto a minuto el paso del tiempo que vivía el espectador junto a los personajes. Incluso llegamos a tener sesiones con el psiquiatra de Herrera que más que ayudarnos, nos espantamos de sus técnicas de choque grupal. Llegué a comentarle a Chocrón, en mi estelar performance de crisis, que el más necesitado de psiquiatra no éramos nosotros sino el propio psiquiatra, cuyo nombre me reservo por lo fútil del chisme. La catarsis aristotélica, en esencia, eclosionaba función a función cuando salíamos del teatro al filo de la medianoche. Es la obra donde más alcohol se bebe en la historia de la dramaturgia. Nosotros tomábamos té y el efecto de la “teína”, a lo largo de la temporada, nos convirtió en insomnes al borde de un ataque de pánico. La temporada duró seis meses y Edward Albee viajó a Caracas para ver el montaje a mitad de temporada donde compartimos varias horas de conversación en su inteligente y corrosivo humor neoyorkino. Fue la segunda vez que me encontraría en Caracas con Albee. La primera fue en 1981 cuando viajamos juntos en el avión privado de Hans Newman para presentarlo en un foro valenciano. Era periodista de las páginas de Sofía Ímber de El Universal para esos tiempos.

 Regresando al film, hacemos mención de honor a la grande Ellen Burstyn en el rol de la “idish mame” de Martha (Kirby) en una escena brillante, gloriosa frente a su hija, ilustrando su perseguido pasado judío y la fuerza del destino de esa niña nacida en un campo de concentración nazi en pleno holocausto y como, ese pequeño ser que era ella, pudo levantar la cabeza y vivir una vida no exenta de lucha, caídas y volverse a levantar.

 También nací con comadrona en casa de mi abuelo, asistido por mi tía Lolita. Mamá no quería parir en hospital y en aquellos lejanos cincuenta del siglo pasado en Barcelona, no había problema legal que lo impidiera como en algunos estados de la Unión. Hoy, hay un retorno a esa sencillez que ofrece el acto de la Naturaleza, sin embargo, puede haber complicaciones como la que se presenta en el film de marras. La narrativa extiende el dolor cuando se quiere llevar a juicio a la matrona por homicidio culposo de negligencia ¿Cómo volver a completar el cuadro de una vida con tantas piezas descolocadas? Hay que volver a enmarcar el puzzle de la vida. La delicada escena de la semilla de la manzana descansando en el pulgar de Martha, es un poético y metafórico plano que se arquea diacrónicamente con el cierre del film de una niña y un hermoso manzano que esconde el “pentimento” de un cuadro que se desea borrar para poder seguir viviendo. Recomendable para toda la familia con cine-foro incluido.

JAVIER VIDAL PRADAS

José Simón Escalona

Nace en Ciudad Bolívar, Edo. Bolívar, Venezuela, el 17 de mayo de 1.954. Estudió Arquitectura en la Universidad Simón Bolívar y Artes en el Instituto Pedagógico de Caracas. Inicia su actividad artística como actor en 1.967 y funda el GRUPO THEJA en 1.973, agrupación cuyos éxitos han traspasado nuestras fronteras y en la cual se desempeña como Presidente Fundador y Director Principal.

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