LA PRIMERA VEZ DOS VECES

Balcón de piedras
Memorias de un vigía, por José Simón Escalona

La primera vez dos veces

Dicen que las primeras veces son inolvidables. Así me sucedió en dos ocasiones. Me refiero a dos experiencias sensoriales, tal vez con algo de sensualidad común a mis sentidos. Hay dos amores a primera vista en mi memoria: la Avenida Urdaneta de Caracas y la Quinta Avenida de Nueva York.

Iniciaban los años 60 cuando pisé por primera vez las aceras de la Avenida Urdaneta. Iba de la mano de mi tío Ramón, esposo de mi tía Carmen Luisa, la hermana mayor de mi madre. Ellos vivían cerca del Mercado de Quinta Crespo entre las esquinas del Carmen en la moderna Avenida Baralt, y la esquina de Mamey en la paralela Avenida Sur 4, la misma donde queda el Edificio Automovil Universal Sede de RCTV.

Subimos por la Baralt hasta la Avenida Urdaneta. Mi tío señaló entonces hacia el Palacio de Miraflores, desde aquellos tiempos el Despacho Presidencial. Luego mostró donde quedaba su oficina de trabajo, el fantástico edificio del Correo de Caracas, que antes fue la casona propiedad del Conde Martín de Tovar, edificada en 1781. Era una remodelación del original colonial con una nueva fachada al estilo gótico parisino en boga cuando El Americano Ilustrado. La esquina se llamó así en memoria del Convento de las Carmelitas, que fue demolido para dar paso a la Avenida Urdaneta, precisamente donde ahora se encuentra el hermoso edificio del Banco Central de Venezuela diseñado por el arquitecto Tomás José Sanabria, y al que vi construir como otros durante mis años de caminatas por la maravillosa avenida del centro. Yo estaba impresionado con la grandiosidad de la gran vía, sus edificaciones y lugares prodigiosos que fue descubriéndome mi tío Ramón. Seguimos caminando hacia la iglesia de Santa Capilla, que originalmente se levantó en honor a San Sebastián, ese santo mártir atravesado por flechas, ícono del dolor y la redención. Ese templo, según me contó mi tío y guía, lo construyó el propio fundador de la ciudad, Don Diego de Losada en 1567 y luego fue transformado en el mismo estilo gótico que pretendía replicar la Santa Capilla de París, por supuesto durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, de quien ya conocemos sus gustos y que fueron parte de mi embelesamiento infantil. Yo me sentí en París, el mundo entero, aquí en Caracas. Entramos al primoroso templo y mi tío me mostró la imponente obra de Arturo Michelena “La multiplicación de los panes». Es difícil precisar en la memoria pueril el impacto de estas obras de la arquitectura y de la pintura en mi mente y sensibilidad de niño. Mi tío, de quien heredé una hermosa colección de primeras ediciones de estampillas venezolanas de cuando era Director del Correo de Carmelitas, me asombraba contándome tantas fichas y fechas. Era un hombre que amaba el Centro de la ciudad y lo recitaba como si dictara una carta.

Durante mis años de bachillerato en el Liceo “Andrés Eloy Blanco” de Catia, luego de sus lecciones y mis clases en el Grupo Teatral Theaomai, con mi primer maestro Edgar Mejías; tomaba un autobús circunvalación que me dejaba en la Avenida Sucre, justo frente a Miraflores y de ahí caminaba toda la Avenida Urdaneta, extasiado en las vitrinas de sus tiendas de sombreros, peleterías, trajes de novias, abrigos masculinos de invierno y en especial de las Joyerías. Posiblemente me detuve delante de la joyería del papá de Eladio Larez, que quedaba por esos lares, pero fue en Arte Katyno donde me quedaba tan absorto que en ocasiones llegaba tarde al Ateneo de Caracas para atisbar las clases del maestro Horacio Peterson, quien tanto coscorrón me dio por estar curioseando por los ventanales de la Casa de los Ramia, sus extraordinarios ejercicios actorales. Decía que yo era muy pequeño para entrar a sus clases, pero sus regaños sirvieron para enamorarme aún más del teatro.

Paseando mi adolescencia por esa misma avenida, hacia finales de los sesenta vi también la construcción del edificio Diario El Universal, de los arquitectos Bernardo Borges, Francisco Pimentel y George Wilkie, en la esquina de Ánimas, que me recordaba la devoción de mi abuela por estas almas perdidas, precisamente en el cruce con la Avenida Fuerzas Armadas. En la Planta Baja de ese edificio hay un mural espectacular del artista Carlos González Bogen (1920-1992), guayanés de Upata,  con relieves que recuerdan el linotipo de la prensa; González Bogen también diseñó las grandes puertas esculturas del Edificio del Banco Central de Venezuela ya referido. Me deslumbraba su modernidad y constructivismo.

Quinta Avenida – New York – 1970

En los años 70 visité Nueva York por primera vez, y tuve la misma impresión de perdida de la virginidad pueblerina cuando contemplé por primera vez la Quinta Avenida. Un orgasmo inédito. Tantos altísimos edificios que hacen del cielo otro río, una nueva angostura, opaca ante la luminosidad suntuosa de sus exquisitos aparadores, me dejaron extasiado. Tuve la impresión de que el mundo iniciaba en la Urdaneta y termina en la Quinta. La arquitectura Art Decó tridimensionaba los libros de arte con los cuales daba clases de Educación Artística en los liceos. Pero fue delante de otra joyería que me quedé embelesado: Tiffanys, la que apenas imaginaba por la obra Desayuno en Tiffany´s de Truman Capote y la película de Edwards con Audrey Hepburn. Un nuevo dorado, bajo el brillo de sus diamantes, muñecas perfectas con gestos de glamour. Otro ícono de la cultura popular de mi generación.

En la Quinta Avenida de mis ensueños guardo un recuerdo reciente con el impetuoso Luis Olavarrieta. Hace algunos años coincidieron nuestras vacaciones en Nueva York, y aunque tengo cuentos que podrían servir para más memorias, recuerdo su ansioso trote por la deslumbrante Quinta Avenida, arrastrándome como si fuera un perro feroz que va detrás de su presa, y sin control del anciano que intentaba contener tanto apuro. Exhausto me detuve ante la Catedral de San Patricio, esa joya de la arquitectura y la Fe, y le dije: Entramos a la Catedral para que te saque el diablo, o aquí mismo te suelto y continúa tu loca carrera solo, porque si te sigo el paso me vas a matar. Yo intentaba ser mi tío Ramón para el diablito Olavarrieta.

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José Simón Escalona

Nace en Ciudad Bolívar, Edo. Bolívar, Venezuela, el 17 de mayo de 1.954. Estudió Arquitectura en la Universidad Simón Bolívar y Artes en el Instituto Pedagógico de Caracas. Inicia su actividad artística como actor en 1.967 y funda el GRUPO THEJA en 1.973, agrupación cuyos éxitos han traspasado nuestras fronteras y en la cual se desempeña como Presidente Fundador y Director Principal.

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