50 AÑOS DE PASIÓN POR EL TEATRO

50 AÑOS DE PASIÓN POR EL TEATRO

        El primero de diciembre de 1973, al final de la tarde de un sábado de inicio navideño, fuera de las aulas del Liceo José Avalos, hicimos la primera reunión donde le dimos nombre a nuestro Grupo de Teatro Liceísta. El José Avalos quedaba en la Avenida Intercomunal de El Valle, en Caracas, y yo vivía entre Santa Mónica y Los Chaguaramos, en la calle límite de ambas urbanizaciones. Nuestro lugar de encuentro fue el “Paseo Los Próceres”, donde desde aquella tarde habituamos como nuestro lugar de ensayos cuando cerraban el liceo o necesitábamos reunirnos los fines de semana. Teníamos un plan que exigía mucha entrega y dedicación a los 30 integrantes que habían superado 2 meses de pruebas para formar el Grupo de Teatro. El nombre propuesto fue Teatro José Avalos (TJA), pero como mi formación de teatro la inicié en el Grupo Theaomai, del Liceo Andrés Eloy Blanco de Catia, cuando comencé la educación secundaria, acordamos nombrarle GRUPO THEJA, utilizando la raíz del verbo “observar” o “espectar” del griego antiguo, de donde nació la palabra TEATRO. Era un compromiso con los orígenes, del Teatro y de mi iniciación, un homenaje que mis alumnos, tan jóvenes y algunos mayores que yo, me daban como recibimiento, gratitud, una manera de honrar la oportunidad de realizar un sueño, una vocación. Nunca sospechaba que estaba labrando mi propia realización como hombre de teatro, junto a ellos, y siempre acompañado por mi hermana Angélica Escalona, que ya estudiaba danza con la bailarina y maestra Conchita Crederio, y con quien ensayaba las coreografías de la puesta en escena de nuestro primer montaje “Fulgor y muerte de Joaquín Murrieta”, única obra teatral del poeta Pablo Neruda.

        Juan Carlos Gardié estaba entre aquellos muchachos, a los que se sumó mi hermanita Maigualida Escalona, que no estudiaba todavía el bachillerato diversificado, pero que nos auxilió porque necesitábamos una voz cantante femenina. Eran los protagonistas junto a Marianela Yánez, Enoc Cortez, Soraida Matos, Ivonne Hernández, Carlos Rojas, Gustavo Camero, José Salazar Neder, Luis Enrique Froget, Silvia Hernández, Celin Barrios, Dania Arellano, Mayra Bacallao, Cipriano Castro, Ramón Contreras, Marlene García, Carmen J. González, Rosa Guerrero, Maura Jiménez, Nery Jiménez, Gema Medina, Aracelis Mendoza, Julio Cesar Noguera, Javier Ramos, Carolina Riasco, Yajaira Romero, Ari Salcedo, Libertad Vásquez, Ángela Villarroel, entre otros músicos, uno de ellos quien fuera luego mi admirado cuñado el guitarrista  clásico de reconocimiento Internacional Alfonso Montes, y acompañantes entre telones, de los cuales destaco a la diligente Gerónima Hernández, mi primera asistente.

        Las mujeres cómplices para iniciarme como profesor de teatro liceísta, fueron mi hermana mayor María de los Ángeles Escalona, y su compinche Pilar Romero León, quienes eran compañeras de estudio en el Pedagógico de Caracas con Isol Toro, que ya trabajaba en el “José Avalos” como profesora de literatura y convenció al director del liceo de que el teatro podía alejar a los muchachos del consumo de drogas, algo preocupante en los estudiantes de aquellos tiempos. Nunca imaginamos que se inscribirían tantos alumnos, y tuve que hacer “audiciones”, que en realidad fueron pruebas de resistencia durante dos largos meses, para ver cuán deseosos estaban de hacer teatro y cuánto de sacrificios, estaban dispuestos a comprometer de su tiempo y energías.

         En el área de las escalinatas que rodean uno de los monumentos centrales en el Paseo Los Próceres, el gran parque desde Los Ilustres con la Plaza Las Tres Gracias, y la entrada a la Universidad Central de Venezuela y hasta la Escuela Militar, que le daba su nombre a la ruta del autobús que servía de transporte público; ahí teníamos un perfecto escenario donde nos dedicamos a ensayar los fines de semana, porque dos o tres días escolares, en el patio central del Liceo, a las cinco de la tarde, como recita el poema de Federico García Lorca en homenaje al torero Ignacio Sánchez Mejías – con el cual debuté de protagonista en mi Ciudad Bolívar natal en una gira de nuestro grupo Theaomai- no eran suficientes para cumplir el objetivo de participar en el Festival de Teatro Liceísta que se llevaría a cabo en el Ateneo de Caracas, en mayo de 1974. Aunque ya habíamos debutado todos los fines de semana ante el público de “Los Próceres” que servía de espectadores a nuestros ensayos. Nos aplaudían a rabiar, y eso nos animó a confiar en nuestros talentos.

      Recuerdo el día de estreno en la vieja Sala Anna Julia Rojas de la Quinta de los Ramia, en el mismo lugar donde ahora está el edificio que le arrebataron al Ateneo. Por supuesto que todo El Valle, familiares, compañeros de estudios, amigos y algunos curiosos se acercaron para llenar la sala, que presidía, para aumentar mis nervios, la gran benefactora María Teresa Castillo, quien me conocía desde mi adolescencia cuando me escapa de las clases de Educación Física, que impartía el empeñoso profesor Lovera en Catia, que tanto luchó para hacerme deportista sin lograrlo. Llegaba apurado a la Quinta del Ateneo, luego de caminar toda la Avenida Urdaneta, bajar por la Casa de Italia a la Avenida México, ver los inicios del que fuera luego uno de mis primeros lugares de trabajo teatral profesional, el “Parque El Conde”, con su “Sala de Conciertos”, manejada por el gran Señor Salvador Itriago, quien luego fue el primer presidente del Teatro Teresa Carreño. Llegaba agotado y sudado con shores y franelilla blanca, para curiosear las clases y ensayos del maravilloso maestro Horacio Peterson, del cual me gané algunos coscorrones por fastidioso y testarudo, pues no le gustaba que yo me asomara por las ventanas para espiar sus clases o embelesarme y hasta aplaudir escondido sus ensayos, donde brillaba el galán de aquella época Héctor Mayerston. En aquella sala de nuestro estreno también estaba mi primer maestro Edgar Mejías Valecillos, a la sazón, organizador por el Ministerio de Educación del Festival de Teatro Liceísta. Y entre el Jurado, quien sería también mi hermano, compadre, compañero de escenas y artista favorito, Javier Vidal Pradas. Por supuesto muy oronda mi mamá Angélica Acosta de Escalona, pero en pleno trance de separación de mi padre, nuestra más ferviente animadora que jamás dejó de asistir a algún estreno del Theja.

     Ganamos el Festival, un premio compartido con mis compañeros también egresados del Theaomai: Pilar Romero, Humberto (Kiko) Olivieri y Rafael Gómez. Mención aparte de la gran actriz, mujer de teatro y televisión, Romelia Agüero, que daba clases en un liceo de La Guaira, según creo recordar. Ganamos el honroso premio de representar al Teatro Liceísta de Venezuela en el II Festival Internacional de Teatro de Caracas, bajo la dirección de quien fuera siempre admirador y amigo de nuestra agrupación: Carlos Giménez, director del Grupo Rajatabla.

      Así nació el Grupo Theja, hace 50 años, un cuento que ya repetí tantas veces, que lo tengo grabado en mi mente como si fuera el inicio de una serie de televisión, un documental de mi gratitud a la vida.

       Hoy iniciamos nuestro 50 Aniversario Theja, y tenemos una larga cola de obras en proyectos. Una celebración del amor, de la amistad, de la belleza, del arte y de nuestra exacerbada pasión por el teatro.

José Simón Escalona

Diciembre 2023

 

TEMPORADA 2024 EN CELEBRACIÓN DEL 50 ANIVERSARIO THEJA:
FELIZMENTE CASADOSde José Simón Escalona
“ALZA’O” de José Simón Escalona
“LEAR” de William Shakespeare

“ÍNTIMOS” de Angélica Escalona

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José Simón Escalona

Nace en Ciudad Bolívar, Edo. Bolívar, Venezuela, el 17 de mayo de 1.954. Estudió Arquitectura en la Universidad Simón Bolívar y Artes en el Instituto Pedagógico de Caracas. Inicia su actividad artística como actor en 1.967 y funda el GRUPO THEJA en 1.973, agrupación cuyos éxitos han traspasado nuestras fronteras y en la cual se desempeña como Presidente Fundador y Director Principal.

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