BALCÓN DE PIEDRAS
Memorias de un vigía por José Simón Escalona

“LA COSA”

Al final del patio de árboles frutales de la casa familiar reventaba el promontorio de piedras milenarias del escudo guayanés como una resistencia telúrica. Dicen que los tepuyes de la Gran Sabana no se elevaron, sino que se negaron a hundirse en las mudanzas de la era precámbrica que antecedió al homo sapiens. La ciudad histórica esta en el límite de una de las regiones más antiguas del planeta, y en el solar de mi casa quedaban al desnudo las enormes piedras con su aspecto oxidado, esculturas arqueológicas bajo el sol inclemente y la resolana que desprende el río de mercurio, un espejo sinuoso que refleja los rayos incandescentes. Las rocas inamovibles crean un mirador pero también son brazas hirvientes que desprenden un calor sofocante. Me gustaba esconderme entre los recovecos de los peñascos, sudoroso, con la vista fija sobre el resplandor del rio, provocándome unas fiebres que me transportaban al delirio. Como si hoy te colocaras con una poderosa droga de laboratorio. Supongo que aquella manera de extasiarme tenía que ver con los orígenes, supersticiones, costumbres y rituales de la raza autóctona que impregnaba la herencia y gentilicio.

A la madre de mi padre la llamaban “La india María”, su sangre venía mezclada de indígenas pemones y cimarrones africanos, juntándose a un terrateniente de los llanos centrales que iba cautivando mujeres por todas sus correrías, hembras que le parieron cientos de hijos, los primogénitos varones estaban obligados a repetir su nombre, el mismo que llevo. La india María murió al nacer mi papá, su cuarto hijo. La mayor, mi tía Sofía, con el auxilio de sus tías maternas, ayudó a educar a sus hermanos, mi tía Mirtilia que se enamoró de un llanero guariqueño, mi tío Mauro que se ahogó tempranamente en el Orinoco, y mi padre que dedicó su vida a la poesía, la literatura y las mujeres. Herencia y gentilicio, repito.

El balcón de piedras, cima y templete, baja hacia el Orinoco en un farallón abrupto, y desde aquella atalaya podía ver las fantasías de mis elucubraciones infantiles. Era un mundo ajeno, soñado, fantástico, irreal pero cautivante. Un canto de sirenas y semidioses desnudos que invitaban a otros mundos. En autentico éxtasis regresaba a la sombra fresca del corredor interno de la casona encendido en fiebre, borracho de sol y ajeno a la razón. Se armaba un alboroto a mí alrededor.

-¡Le dio la cosa! Decían.
Andrés Velásquez y José Simón Escalona en el estreno de PIAR 1992

En 1991 regresé a mi pueblo invitado por el Gobernador el indio Andrés Velásquez y su hombre de confianza en la cultura el profesor Benito Iradi, para fundar la Compañía Regional de Teatro de Guayana en compensación al apoyo económico del Conac otorgado a nuestra agrupación Theja. Una iniciativa que involucró a distintas agrupaciones profesionales y que todos celebramos, pues preparó una verdadera descentralización de nuestras actividades artísticas en pro de la cultura nacional. La Sede de La Compañía estaba en el Centro Cultural donde antaño existió el Teatro de Ciudad Bolívar que tantos desvelos y empeños significó para mi tío abuelo Carlos “Camburelli” Acosta Hernández. Y los espacios para los talleres de vestuario, escenografías, depósitos y ensayos, en el segundo piso de una casa antillana en el viejo Paseo Falcón a orillas del río padre. Allá fui con mi hermana Angélica y Javier Moreno para encargarlos de la formación de los jóvenes artistas integrantes de la nueva agrupación y del primer montaje inaugural. La obra “Piar” se estrenó en 1992. Debo aclarar que mi única condición para encargarme de presidir la Compañía Regional de Teatro de Guayana fue mi disposición “ad honorem”. Así quedó rubricado.

Manuel Piar era mestizo, su madre una mulata holandesa con ascendencia afro venezolana y su padre de las Islas Canarias. Se convirtió en uno de los pocos generales de la guerra independentista de su raza, es conocido que casi todos eran blancos criollos. Su reclamo constante hacia las reivindicaciones de su herencia y gentilicio sirvió como excusa para fusilarlo en 1817. Bolívar lo condenó para imponer su cruel castigo ejemplar, nadie podía atreverse a cuestionar su liderazgo. Para los guayaneses Piar es el hombre que nos inspira en contra de las tiranías, de la española y de las subsiguientes. Los agujeros de las balas nunca se han podido borrar de la pared de la iglesia y mucho menos de nuestra memoria. Hasta el nombre de la ciudad nos cambiaron para disimular los resentimientos bolivarianos.

La Cosiata en 1826, también llamada La Revolución de los Morrocoyes, la armó Páez para separarnos de la Gran Colombia, otro héroe con sus recelos y defensa del gentilicio venezolano. Por cierto, dicen que el nombre de la Cosiata refiere el vocablo de un comediante italiano de moda en los teatros de aquellos tiempos.

La cosa fue un síndrome de mi niñez, una especie de enajenación que no tenía explicación. Médicos y ensalmes no lograban controlar los ataques. Hasta que un día la chismosa vecina soltó a modo de burla:

-Está insolado, se monta sobre las piedras y de ahí le vienen las fiebres al carajito.

La vigilancia se impuso y perdí mis mañosas excursiones. Pero recurrí a mi imaginación. En las tardes, aunque tuviera encima los ojos de la india de la cocina y la mulata del servicio, esperaba la caída del sol y bajo los colores escandalosos de los atardeceres sobre el río fulgurante viajaba a mis espacios escénicos de infante.

La cosa sigue conmigo. Los telones y cicloramas de mis ensoñaciones encontraron un lugar en los teatros. Me gusta extrañarme de las realidades para escapar a las invenciones. La cosa son ahora pesadillas. Las celebraciones históricas, manipuladas, traicionadas y distorsionadas, me causan un verdadero extrañamiento de mi origen, de mi gentilicio, de mis raíces ancestrales. Ya ni siquiera me siento homo sapiens, sino parte de una generación a la que se les robó sus ensoñaciones.

José Simón Escalona

Nace en Ciudad Bolívar, Edo. Bolívar, Venezuela, el 17 de mayo de 1.954. Estudió Arquitectura en la Universidad Simón Bolívar y Artes en el Instituto Pedagógico de Caracas. Inicia su actividad artística como actor en 1.967 y funda el GRUPO THEJA en 1.973, agrupación cuyos éxitos han traspasado nuestras fronteras y en la cual se desempeña como Presidente Fundador y Director Principal.

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